martes, 29 de mayo de 2012

Angelina - Capítulo Dos


Safe Creative #1205101614999
Derechos Reservados

Advertencia: Novela explícita,
violencia, libertad de lenguaje, sexo
y pasajes paganos de mucha fuerza.
(No apta para personas muy religiosas).
Mayores de 18 años
                                       





 Capítulo Dos


A mi edad, cualquier joven tiene muchos amigos, pero no era mi caso. Mis compañías se limitaban a unos cuantos compañeros, de los cuales, la más cercana era Krysti, una chica muy peculiar. 
Tenía un nombre diminutivo, era pequeña como yo, de piel brillante, blanca como una luna y tenía unos ojos azul celeste que proyectaban una ingenuidad engañosa.
Le gustaba divertirse; se iba de juerga cada tercer día y en más de una ocasión le encontré por ahí descansando bajo los arbustos después de alguna fiesta, a veces intoxicada de algo más que alcohol, otras sin alguna de sus prendas o golpeada por sabe dios qué gente.
Siempre fue la mejor amiga cuando estaba sobria, le tenía un afecto muy especial; no era precisamente el tipo de cariño que se siente por alguien que te gusta, sería más acertado decir, que era como una hermanita menor a la que me gustaba sacar de los problemas en que se metía cada vez que no podía controlar sus emociones y pequeños vicios, era algo así como su guardián y a ella le divertía mucho la idea.
Pensaba que Krysti necesitaba protección y, aunque ella no me lo dijera, estaba consciente de que esto era así. Muchas veces, las mujeres que han caído en este tipo de vicios, son protegidas de algún proxeneta que termina explotándolas sexualmente y pasa de ser protector a convertirse en victimario.
Alguna vez me tocó ver a uno de estos tipos golpear una mujer para quitarle su dinero enfrente de todos los estudiantes. En otra ocasión, me encontraba hospedado en un hotel y escuché el escandalo proveniente desde el cuarto contiguo, el hombre había querido introducir por la fuerza un objeto extraño en el trasero de una de sus protegidas y ésta, al tratar de defenderse sufrió una agresión aún peor. No deseaba ese futuro para mi amiga, quien apenas contaba con  diecisiete años. Me resultaba inverosímil imaginar que alguien quisiese dañar de esa manera a una mujer, y en el caso de Krysti, su físico y personalidad incrementaban ese sentimiento de paternidad del que vengo hablando desde unas líneas atrás y hacía desaparecer cualquier inclinación de tipo sexual hacia ella.
No obstante, era contradictorio lo que Krysti aparentaba y lo que realmente era, se dejaba llevar por el momento y le gustaba probarlo todo; nada le asustaba y a veces eso me tenía preocupado; poco a poco se estaba matando viviendo tan deprisa; pasaba las noches en vela en las fiestas, intoxicada y con el cerebro embrutecido; al día siguiente no dormía por culpa de los excesos de la noche anterior y consumía más sustancias para sentirse mejor que le hacían caer dentro de un círculo vicioso.
Miraba desde una distancia prudente como se destruía a sí misma aquella niña, mi congoja era muy grande.
Nadie pensaba como yo, todos deseaban abusar de ella, obtener de sus delirios, los despojos de un placer arrebatado a la fuerza a una indefensa criatura que no sabía lo que hacía.
Todo eso era muy triste, a veces no podía más y me alejaba, no podía seguir enfrente de todo aquello, me hacía mucho daño.
Krysti  caía cada vez más, aunque cuando no estaba intoxicada daba la apariencia de ser una chica sin problemas. Intentaba retenerle a mi lado y salir con ella a todos los lugares posibles, pensaba que de esta manera ella no tendría tiempo para seguir con la autodestrucción, sin embargo, siempre encontraba la forma de escabullirse. En algunas  citas me dejaba plantado; un par de horas más tarde me llamaba desde algún hotel para que le fuera a recoger en mi auto. También fueron varias veces las que le encontré en alguna esquina platicando con algún simpático pervertido o discutiendo con alguien que no le había pagado lo acordado por sus polvos.
Por esos días, encontramos un refugio en una cafetería donde podíamos pasar las horas tomando un helado y escuchando jazz en compañía de  afroamericanos que gustaban de frecuentar el lugar. El sitio tenía un ligero ambiente histórico, donde, en las paredes se podían observar murales que representaban escenas relacionadas a sucesos importantes y personajes influyentes del mundo afroamericano desde Charlie Parker y John Coltrane, hasta Martin Luther King Jr  y Michael Jackson.
En general, el ambiente era acogedor, pero está música no era de mi gusto, era muy ignorante en cuestiones musicales, sin embargo, Krysti sentía una marcada tendencia hacia la cultura afroamericana. Esto le hacía ser mucho más comprensiva y eso era algo maravilloso. Era una chica que al hablar bien de las personas de color, realmente sentía lo que decía.
Ser amiga mía, me hacía comprobar aquello, ya que, como había dicho, yo también era de piel oscura y bastante feo. Su belleza infantil hacía un poco grotesco el contraste entre nuestras diferencias físicas.
En cierta ocasión nos encontrábamos disfrutando un daiquiri en el lugar, no esperábamos algo así de alguno de los clientes que se encontraban en las mesas. Por lo general entraba gente educada a aquel local, pero alguien, sin ningún motivo, comenzó a insultarme, haciendo referencia a mis diferencias raciales con mi acompañante. Ella se levantó de su asiento para que esta persona tuviese una mejor visión de lo que sucedía, me tomó de la mano, luego me abrazó diciendo: “Te amo mi amor” y me dio  un beso que hizo callarse al bocón.
Fue divertido, pero, la verdad Krysti no me causaba el  más mínimo sentimiento de atracción, negaba en mi mente que era una mujer hermosa, esto es algo que me resulta imposible de explicar de forma clara, ya que no sólo era así con ella, sino con todas las chicas.
Creo que estaba ciego, enfermo o tenía algún otro problema, porque muchos chicos estaban de acuerdo en que Krysti era la mujer más sexi de toda la escuela y que entre esas piernas escondía  el más sublime paraíso y que lo estaba desperdiciando por no iniciarme en las artes amatorias con ella. No hacía caso de esos comentarios, lo que me tenía prendido a Krysti eran sus ojos azules y su sonrisa, la cual me causaba una gran simpatía. Además, su voz era delicada y muy suave, como de una niña y eso aumentaba mi sensación de que debía ser protegida de los hombres que querían acercarse a ella con malas intenciones.
Sin embargo, cuando yo no estaba a su lado, Krysti dejaba la puerta de su persona sin llave y cualquiera podía entrar a hurgar el interior de sus secretos, esto le era especialmente excitante y lo hacía tan seguido como le era posible, pensaba que la vida había que vivirla mientras se pudiese y ella no se negaría nunca un placer.
Muchos me decían que con el único que no hacía el amor era conmigo, que ya todos le conocían el trasero y que no entendían mi actitud, pero el cariño que Krysti me inspiraba iba mucho más allá de lo que el lector pueda pensar; ya había cruzado a esa zona donde el amor no va dirigido al cuerpo, sino al alma y lo mismo me daba que Krysti fuera delgada o gorda,  fea o bonita, alta o baja,  era mi amiga, y siempre lo sería.

En ciertas ocasiones, Krysti intentó jugar conmigo, nunca comprobé si se trataba de bromas, porque no le hacía caso. Por ejemplo, un día que tuvimos una reunión en su casa, estando acostados en su cama haciendo una tarea, ella me tocó de manera sugestiva.
Le miré extrañado, pues a pesar de estar allí, no me esperaba eso de alguien a quien siempre había respetado. Entonces, se levantó su falda, dejando sus blancos muslos a la vista. No me pregunten la razón, pero volteé para otro lado.
Krysti me dijo, “No seas tontuelo, mira lo que tengo para ti”. Intenté mirar, pero sentía una inexplicable repulsión hacia sus piernas. Ella se quedó esperando mi respuesta, sonrió y dijo: “Olvídalo, eres más frío que un muñeco de nieve”.
Después de aquel suceso, comprendió y aceptó el lugar que le había asignado en mi vida.
A estas alturas alguien ha de estar preguntándose el porqué de esta actitud estúpida frente a una mujer hermosa. Sólo puedo decir que ni yo mismo me lo explico. Quizá le tenía tanto cariño, ese nombre, su voz y su rostro, despertaban tanta ternura, que me era imposible tocar su cuerpo sin sentir que estaba cometiendo un acto violento con una pequeña, pero, había otros compañeros que no pensaban así y con ellos sí llegó hasta las últimas consecuencias, luego se acercaban a mí para contarme sus hazañas.
Krysti y yo nos conocíamos desde que éramos muy jóvenes, para ser exactos desde que tenía ocho años; ésta era la razón por la que, tal vez, cualquier indicio de atracción hacía ella había desaparecido en mí; sus padres lo habían notado, por eso nos permitían pasar la tarde juntos en su cuarto.
Krysti era muy desordenada, dejaba las cosas regadas por todos lados. Me empujaba contra la cama desarreglada y en más de una ocasión había ropa interior usada sobre de ella. Esto me resultaba muy incómodo, y a ella parecía divertirle mi reacción, porque no las escondía. Se ponía a hacer su tarea frente  a mí, observando que hacía yo. En ocasiones tomaba una pantyy me la pasaba cerca del rostro, luego reía y me preguntaba.
—¿No te gustan las mujeres?
A mí no me causaban gracias sus chistes, sin embargo, permanecía con ella, lo tomaba como si las bromas de una niña se tratase, que no tenía ni la más remota idea de lo que su acción podría provocar en algún otro hombre, ¡ah, que equivocado estaba!, bien que lo sabía, pues no era tonta, lo que usaba conmigo era un tipo de manipulación al cual era inmune, pero ahora que lo pienso mejor, quizá sólo practicaba conmigo su técnica para aplicarla más tarde con alguien mucho más propenso a dejarse llevar por los deseos.
En ocasiones el olor de su cuarto era tan fuerte que terminaba mareado, esto era especialmente desagradable, era una chica desordenada y algo sucia a quien me empeñaba en cuidar como un hermano mayor, pero ella buscaba los momentos propicios para escapar de mí y aventurarse a los excesos que eran su deleite.
Krysti poseía una cómoda que mantenía cerrada con llave, en ella guardaba unos polvos mágicos. La chica tenía poderes especiales, era algo así como una maga o bruja. En muchas ocasiones intentó que los probara con ciertos engaños, pero nunca lo hice, sería porque sabía perfectamente de que se trataba. Lo que menos deseaba era enredarme en problemas por  culpa de polvitos mágicos.
Entre los amigos de Krysti había dos que estaban siempre con ella, sus nombres eran Robert y John. Estos chicos se aferraban a ella en los momentos que no estaba conmigo. Ella siempre me prefirió a mí y esto no se lo explicaban, decían que cómo era posible que Krysti pasara más tiempo con un latino tan feo.
Lo que ellos no sabían es que yo no le metía mano en sus zonas íntimas. Ellos sólo querían estarla tocando, por eso Krysti siempre se alejaba de ellos cuando empezaban con sus estúpidos toqueteos. A Krysti le gustaban las relaciones de una vez, no mantener relaciones con el mismo patán durante mucho tiempo. Una vez llegó a decirme que era así porque de esta forma no permitía que otras personas comprobaran cualquier cosa que el otro decía, ni siquiera les volvía a hablar de nuevo. En el caso de John y Robert, siempre habían querido acostarse con ella, pero Krysti no se los había permitido.
Dentro de mi pequeño entorno, había otras chicas como Elsa que era una mexicana bastante atractiva que en un par de ocasiones me acompañó a ver alguna película; Kate, era una rubia de lentes que usaba unas faldas muy cortas y siempre andaba con un chupa chups en la boca. En realidad, Kate copiaba a alguien que había visto en alguna película o vídeo; nunca la tomé muy en serio y creo que ella hizo lo mismo conmigo, le veía  y venían a mi mente imágenes de mujeres retratadas en posters eróticos, sobre todo por esas coletas y el color de sus faldas rojas a cuadros. La recuerdo muy bien porque siempre se unía a nosotros cuando me veía que estaba con Krysti, pero eso sucedía raras veces, porque ella pertenecía a otra clase.
En general todos eran buenas personas, sólo que a alguno le faltaba madurar un poco y siempre andaban metidos en problemas, sobre todo Kate y Krysti. Conocía otros chicos en el equipo de la escuela y algunas amigas de Elsa que iban a divertirse en ocasiones en los bailes que se organizaban en el club latino los jueves a partir de la media noche. En esas veladas cálidas, no podía faltar Krysti con su bolsita de polvos mágicos, encantando a cada muchacho que se lo permitiera, les rociaba con su magia y les convertía en la atracción de la noche, como una hada madrina a una cenicienta masculina. Podía convertir a un  perdedor en segundos en un hombre osado y atractivo. También el más tímido era encantado y terminaba siendo el alma de la fiesta, los débiles lograban proezas con sólo un sorbo de aquella medicina que Krysti les entregaba cada noche.
Sanaba los dolores y el sueño; también curaba, al menos momentáneamente, las punzadas del corazón, desde siempre Krysti fue quien traía la sanación para todos los dolores y todo estaba contenido en su bolso.
Elsa, con o sin polvos era la más popular en todas las fiestas, con dos cervezas comenzaba a reír y tenía una forma muy especial de bailar salsa, pero realmente se convertía en una bomba cuando sonaba alguna música donde tuviese que mover las caderas. Muchos chicos decían que Elsa era muy sensual, sin embargo, jamás escuché ninguna referencia a ella como ser humano, el motivo no era porque no se diese a respetar, porque fuera de las fiestas era muy seria y no andaba jugando con los muchachos. Al parecer los chicos no hablaban de ella en términos serios porque era mexicana, no lo estoy inventando, me podía dar cuenta de lo que digo, los estereotipos podían más que el trato de una persona por años. Era triste, y aunque no lo había mencionado, mi vida corría por el mismo camino, ya que, aunque tuviese unas cuantas amigas más, ninguna me tomaba realmente en serio. Siempre jugaban conmigo, y me hacía pasar por vergüenzas, ¿Qué cosa peor puede haber, que una mujer te haga pensar que le gustas y después de algunos meses de dejarse cortejar y darte alas, remata diciéndote que todo era una broma, una apuesta, o cualquier otra estupidez que se les ocurra?
Bueno, no puedo asegurar que sea por mi condición de latino, pero lo que si me daba cuenta es que los otros chicos no eran tomados tan a la ligera. Por el momento no pensaba en el matrimonio, ni en relaciones largas, por lo que no me preocupaba mucho aquel asunto.
También esa falta de seriedad conmigo, pudo tener sus orígenes en que nunca toque las drogas, ni el alcohol. Esto me costó el rechazo de algunos compañeros de aula, pero eso a mí me tenía sin cuidado, yo era diferente y era suficiente motivo para que uno que otro me sacaran del grupo y lo otro sólo era un pretexto.
Me paseaba en las fiestas oliendo el humo de los cigarrillos de los otros y en alguna ocasión me llegué a intoxicar con él, pero sólo fue una vez. La verdad  las drogas no me llamaban la atención.
Los deportes tampoco, pero estos eran más saludables, motivo de que haciendo un esfuerzo, practicara futbol americano.
El torneo se acercaba, teníamos que enfrentarnos a uno de los mejores equipos de una secundaria de otro estado, así que, empezamos con los entrenamientos. Krysti y Elsa participaban con nosotros como porristas, John y Robert estaban en el equipo también. Después del entrenamiento me escapaba con Krysti a alguna nevería. Me encantaba caminar por los lugares concurridos con aquella chica  vestida al estilo de las porristas de la NFL, aunque sabía que no éramos más que amigos, me divertía la idea de la envidia que podía causar a otros chicos como yo, al ver a una niña tan hermosa embutida en un short tan apretado y con aquella figura escultural. No era más que la vanidad que me provocaba el hacerles saber a otros que a pesar de ser tan feo, podía tener una mujer bella a mi lado.
Como lo había dicho, no era un chico sobresaliente en ningún aspecto, tenía un pequeño complejo de inferioridad construido por el tipo de vida en que un latino debe vivir en un país donde todos son diferentes, pero estaba cerca el día en que ya no tendría que preocuparme más de estas cosas, alguien aparecería en mi vida  para cambiarlo  todo, su nombre… Angelina.

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2 comentarios:

  1. Gracias Dolo, espero que la novela sea de tu agrado, seguiré colocando nuevos capítulos para las personas que deseen leerla, y la versión impresa saldrá en poco tiempo a la venta.

    Gracias por participar.

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