jueves, 14 de junio de 2012

Sorteo de dos ejemplares Angelina - Junio 2012

Segundo Concurso

Libros sorteados
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Sorteo Expiró

miércoles, 13 de junio de 2012

04 Capítulo Cuatro





Safe Creative #1205101614999
Derechos Reservados

Advertencia: Novela explícita,
violencia, libertad de lenguaje, sexo
y pasajes paganos de mucha fuerza.
(No apta para personas muy religiosas).
Mayores de 18 años
     











      Capítulo Cuatro


Desde aquel beso —que terminó en un recostón sin consecuencias—, inicié un tipo de relación íntima con aquella mujer, nuestras citas se convirtieron en escapadas a lugares solitarios donde reconocernos y explorar el mundo de la sensualidad.
Nótese que he remarcado una frase unas cuantas líneas arriba, esto hace hincapié en lo distante de mi relato al hablar de mi amante, algo que me es imposible explicar, ya que lo lógico es que fuera al revés, si se toma en cuenta que estoy hablando de los inicios de una relación con una chica de una belleza excepcional.
No puedo afirmar que lo que me uniera a ella fuese el amor, los días pasaban y sentía cada vez menos probable la posibilidad de enamorarme de ella; la admiración que sentía por su persona había desaparecido y en su lugar había quedado una sensación extraña de estar con alguien que no tenía nada en común conmigo. Su belleza ya no era aquel inalcanzable tesoro, le había obtenido demasiado fácil. Se había convertido en algo que daba por hecho; no obstante, no podía estar lejos de mi novia un sólo instante. Era algo así como una adicción a una droga muy fuerte, la cual no me daba alivio, pero me era necesaria en un grado máximo. Quizá todo aquello era obra de algún encantamiento. Yo no creo en esas cosas, la brujería es el producto de mentes muy débiles para descartar una amenaza psicológica y muy fuertes para recrear sus miedos en la realidad; aunadas a otra mente, que es la que realiza el ritual; la brujería es el resultado de la fuerza mental.
Dicen que algunas mujeres hacen hechizos para retener a su hombre y al final éste termina actuando de manera irracional. No actuaba de esa forma… O tal vez sí, no me parecía lógico necesitar a alguien por quien definitivamente se siente una indiferencia así.
Es extraño que tan pronto haya llegado a este punto, ya que eran pocas las semanas que había pasado con ella y al principio sentía lo contrario; esa sensación de estar frente a alguien que poseía todo lo que a mí me faltaba.
Sigo pensando mucho en por qué actuaba de esa forma, no soy alguien que no exprese sus sentimientos, simplemente, no puedo expresar lo que no siento.
Nunca había tenido una novia y no sabía cómo actuar; pero, ahora lo recuerdo, siempre había sido así con mis padres y mis amigos, era parte de mi carácter y cuando alguien es de tal o cual forma, es imposible que cambie sólo porque otros así lo quieren o hay alguien más en su vida.
Angelina era como yo, un ser frío que entró en mi vida de una manera inesperada. Ella buscaba las mismas cosas; al menos eso quiero creer, que era como yo, o que yo era como ella, aunque terminara de la forma que lo hizo; algo debíamos de tener en común para que me hubiese elegido, y si yo no puedo encontrar la respuesta, quizá aquellos que lean mi humilde memoria lleguen más lejos en un intento por resolver esta duda que aún me atormenta.
Para la mayoría de los seres humanos el encuentro con el amor es algo grato, y cuando se trata del primero, los sentimientos son de tal magnitud que éstos siempre hablan en términos de la inexistencia de nada mejor.
Otras personas pueden llegar, pero dentro de su alma llevarán para toda la vida a ese alguien especial. Qué lejos estaba todo eso de lo que yo sentía por mi novia.
No éramos una pareja rara, hacíamos lo que todos hacen y al llegar a este punto de mi narración haré un paréntesis para reflexionar. Si el motivo de que estuviésemos juntos no era el amor, entonces lo que vivimos en esos momentos no era una relación romántica, y si es cierto que había deseo carnal entre los dos, también es verdad que éste nunca hizo despertar el amor puro.
Esto me lleva a la conclusión que se trataba de una relación basada en la concupiscencia. Desde sus inicios estaba vacía y lo que me atraía, era ese secreto que ella guardaba y la personalidad que proyectaba, de sus razones para estar a mi lado, solo ella las conocía.
El amor es un sentimiento relacionado con la luz y Angelina era un ser tan oscuro, calculador y frío, que cada vez que decía, “te amo”, sus palabras sonaban huecas.
No pretendo narrar la historia de amor entre Angelina y yo, por lo que he omitido todo aquello que haga referencia a situaciones amorosas. A partir de aquí solo tocaré dichos sucesos de manera superficial…
En algún momento tuvimos encuentros al aire libre en algún parque, en otro nos rodeamos de bulliciosa multitud en medio de eventos deportivos o en la música y el humo de un antro para divertirnos una noche cálida de verano.
Aunque salíamos de día, ella prefería la oscuridad de la noche. Me llevaba a los pasadizos escurridizos de esta ciudad, mostrándome sitios que nunca imaginé que existiesen. También me presentó personas que se me hacían igual de inverosímiles, pues dentro del universo que me rodeaba, no había sitio para ese tipo de individuos.
Las luces de los faroles de la calle alumbraban nuestros pasos y entre copas y cigarrillos —que ella me enseñó a consumir—, esperábamos el amanecer a la orilla del río o sobre el césped del parque del centro de la ciudad.
Me había mostrado  el mundo que tenía ante mis ojos y que no había visto por mantener la mirada en otro ángulo.
Ella conocía la ciudad mejor que yo; pero, si sólo tenía unos meses de haber llegado, pensé que ella sí utilizaba su tiempo, mientras yo lo desperdiciaba.
Si tomamos en cuenta que Angelina era mujer, la duda que surgía era, si ella se había metido sola a todos esos lugares, o había sido acompañada por alguien más. Siempre le había observado solitaria, por lo que la única persona que podía haber acompañado a Angelina debió ser su padre.
Como había mencionado unas líneas arriba, yo era miembro del equipo local de futbol Americano de los Tigres de la Central High School y en esos días habría un encuentro.
Todos mis compañeros entrenaban muy fuerte, ya que debían ganar este partido para entrar en la final. En uno de estos días, Angelina se encontraba cerca del campo de futbol observando a los jóvenes en sus rutinas de ejercicios y parecía muy divertida. A partir de entonces, estuvo presente en todos los entrenamientos, sonreía cuando les veía esforzarse tanto sin obtener resultados concretos.
A mí no me molestaba del todo, pero si me incomodaba un poco, porque mis amigos comenzaban a mirarme con enojo. Me llamaron la atención argumentando que debía controlar las burlas de mi noviecita. Me echaban la culpa. Debía haber contado algo a Angelina de lo que había visto en los baños colectivos.
La verdad no había visto nada y no sé de dónde se sacaban  eso. Si escondían algo que no deberían de saber los demás, era cosa que a Angelina le tenía sin cuidado y a mi otro tanto. Sin embargo, nunca me pasó por la mente contarle a mi novia alguna de las intimidades de mis amigos, y creo que ellos no caían en que hacer eso era poner a Angelina a pensar en ellos y era algo completamente indeseable para mí, pero no los convencí de lo contrario.
En realidad se burlaba de su poca condición física, ya que ella sin entrenar, poseía una flexibilidad y una fuerza impensables en una persona común.
Tuve el placer de comprobarlo en alguno de mis primeros encuentros con  ella, cuando practicó conmigo algo llamado sexo acrobático. Su cuerpo era tan flexible, que lograba tocar su cabeza con los dedos de los pies levantando una pierna hacia atrás a manera de bailarina de Ballet. Angelina era una verdadera contorsionista, no obstante, esto no era algo nuevo para mí, pues había visto a Krysti hacer el mismo tipo de piruetas repetidas veces cuando estábamos en su casa. En realidad Krysti hacía ejercicios de estiramiento muscular todo el tiempo y se mantenía la mayor parte del día con la cabeza abajo y los pies en el aire. Le decía que en esa posición sus cerebro reventaría, pero ella se reía de mí y me contestaba que estaba equivocado, que ella utilizaba esa posición para oxigenar el cerebro y relajarse al mismo tiempo. Cuando volvía a su posición normal se sentía mucho mejor, era como tomarse unas diez tazas de café sin el efecto de la cafeína, porque su cerebro reaccionaba al estímulo del oxígeno, sin afectar al sistema nervioso.
Pura palabrería de Krysti, pensaba, lo que deseaba era que intentara lo mismo para reírse, pues por mi falta de elasticidad y de equilibrio sabía que no lo lograría.
Mi vida no transcurría sobre una alfombra voladora, ni poseía polvos, o varitas mágicas; ella era una hadita de fantasía que vivía en un universo creado por ella misma y mi  mundo ahora pertenecía a la oscuridad de una vampiresa.
No creo que sea necesaria una larga descripción de las posibilidades que puede ofrecer a la sexualidad de una pareja el que uno de sus miembros posea la cualidad de tener esa flexibilidad, aunque siempre será incomodo que el otro  tenga desventaja, pues en mi caso, a pesar de los entrenamientos, no lograba seguirle en sus complicados métodos amatorios. Era un desastre y aunque trataba de mantenerme en forma, no tenía la gracia que ellas poseían de manera natural.
Digo que era natural, porque en el caso de Angelina, jamás le había observado hacer un ejercicio de este tipo o de ningún otro, en el caso de mi amiga Krysti, ella si los hacía, pero desde que era muy pequeña y su mamá le llevaba a la piscina en su trajecito de baño azul y su gorrito de plástico; la niña ya mostraba esa flexibilidad de la que hablo, sin embargo yo estaba más rígido que una vara de madera y la presencia de Krysti siempre me provocó que esa rigidez aumentara.
Ahora que pienso en todo esto, creo que ser así es un defecto, lo natural es caminar  por la vida con una sonrisa en la boca o con un gesto de enojo o cualquier emoción, los seres inexpresivos como yo no son comunes y Angelina no era exactamente así, ella actuaba con todos, y no dudo que lo haya hecho conmigo también.
A ella le gustaba aprender y asistía —ahora en mi compañía—, a todos los eventos artísticos en rededor de la ciudad.
 Me mostró un mundo nuevo, encaminado por una cultura que hasta ese momento para mí era completamente desconocida. Ingresamos a esas reuniones  que se daban en la oscuridad del anonimato y se hablaba de arte y política. Fuimos a las conferencias de escritores desconocidos y exposiciones de fotógrafos y pintores.
Cada fin de semana íbamos al teatro y en muy raras ocasiones fuimos al cine; me decía que este lugar era el más vulgar de todos y que muy raras veces valía la pena el espectáculo, que la finalidad del cine era mantener calmada esa sed de sangre de un dios maligno que entraba en las mentes de cada uno de los espectadores y con estas imágenes, su furia era mitigada.
Yo no entendí a qué se refería ni investigué nada al respecto. Creo intuir que estaba hablando de las películas de terror, esas donde hay sangre y muertos.

Safe Creative #1205101614999
Derechos Reservados

jueves, 7 de junio de 2012

Ganador sorteo mayo 2012

Ganador de un ejemplar de la novela 
Angelina
 Primera Edición Limitada
Versión Fantástica
(La misma que será publicada en el blog)


7 ********
Favor de comunicarse conmigo antes de cinco días

Se trata de la última cifra de un sorteo oficial, de fecha 07-06-2012

martes, 5 de junio de 2012

03 Capítulo Tres



Safe Creative #1205101614999
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Advertencia: Novela explícita,
violencia, libertad de lenguaje, sexo
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             En Audio



 Capítulo Tres


Aquel era un día de clases normal, aburrido y monótono, con la única diferencia que sería el inicio de un cambio radical en los sucesivos; un día de esos que no advertimos hasta que estamos sumergidos en lo que nos ha traído. Ese día conocí a Angelina Van Order, una joven de nuevo ingreso en la Central High School. Arribó del estado de Massachusett, de una ciudad llamada Boston donde asistía a uno de los mejores colegios;
era muy atractiva, poseía una cultura increíble y en sus diecisiete años parecía una mujer milenaria; sus gustos eran selectos, su andar airoso, su voz melodiosa y su rostro reflejaba algo que dejaba a todos encantados.
Físicamente era una chica de estatura media, con unos grandes ojos azules, y la mirada más penetrante que he conocido, solo superada por la de su padre; su piel era tan blanca que a veces las venas de sus brazos y hasta de su cara traslucían cuando se colocaba frente a la luz.
Angelina era diferente, nunca se había visto mujer así, tenía una hermosa cabellera, negra como la noche y unas pestañas largas resaltando sus bellos ojos.
Tan lejana a las otras chicas, casi todas inmaduras y escuálidas,  sencillas y hasta torpes; aunque poseyeran alguna belleza  —que sin duda la poseían—, ésta era eclipsada por su falta de experiencia y su actitud. Angelina se movía con un aire de superioridad aristocrática entre las demás, era un verdadero ángel, pero no irradiaba luz, era otra cosa lo que se desprendía de ella, su presencia dejaba un halo de frialdad en rededor y nadie podía sostenerle la mirada.
La primera vez que le vi me causó una impresión muy fuerte, pensé que se trataba de algún familiar de gente muy  importante, pues esa nobleza que poseía era tan arrasadora que no se podía pensar otra cosa. Era posible que fuese hija de algún político o empresario encumbrado.
Intenté acercarme a ella por todos los medios, pero era tan correcta, inteligente, y culta, que me sentía el ser más torpe del mundo cuando cruzábamos dos o tres palabras. Sin duda necesitaba aprender mucho si deseaba mantener una plática como a un igual con ella, siempre terminaba quedándome callado escuchándole admirado.
En la clase de literatura, sin haber cursado aún el College, ya tenía conocimientos profundos de muchos escritores famosos, mencionó a varios sin que yo entendiera muy bien a quienes se refería. Me habló de un tal Henry Joyce;   de Dante Alighieri, John Milton y  J Goethe; así como muchos otros; era una especialista en literatura universal.
Le escuchaba hablar y no sabía que decir, me parecía increíble que una persona de sólo diecisiete años hubiese leído a toda esa mezcla de gigantes de la literatura clásica y moderna a los cuales en mi vida había escuchado, pero aún más desconcertantes eran los juicios acertados que tenía de cada uno, como si hubiese vivido en su época. Era sólo la sensación de que ella los hubiese conocido en persona, no lo puedo explicar; cuando alguien habla de otra persona con quien ha compartido momentos, se puede notar en la forma de referirse a ésta, creo que saben a lo que me refiero.
Y no sólo como si los conociese, sino, como si hubiese sido amiga de ellos. Y de uno en especial me habló detenidamente, alguien a quien nunca había escuchado nombrar, me habló de Goethe.
Hasta después de tres meses, logré obtener una cita con ella para tomar un café; platicamos de muchas cosas, me dijo que prefería el ambiente intelectual del sitio elegido a cualquiera de los otros lugares que hubiese sido invitada por cualquiera de los demás muchachos, que eso había influido a que me aceptara como acompañante.
Yo no había elegido el lugar por lo intelectual, sino por el café que allí se servía, que era mi favorito y nunca había abierto un libro de los que se exhibían en los escaparates, pero le dije —para darme aires de importancia, aunque de  antemano sabía que estaba de más, pues a Angelina no se le escapaba nada— le dije,  sí, precisamente por eso elegí este sitio, ya que sé que a ti te gustan todas estas cosas.
Me habló de sus razones para viajar a Little Rock, era un pueblo pequeño y tranquilo, con un ambiente algo rural, pensaba que era justo lo que necesitaba para pasar desapercibida para las autoridades, pues tenía un problema de estatus migratorio.
Le pregunté por qué había elegido esta ciudad, a lo que respondió que no había nada en especial, sólo porque en ella tenía una amiga de la infancia llamada Amy a la cual visitó en algunas ocasiones cuando esta era una niña; tenía bellos recuerdos de la ciudad. Me explicó que con los años Amy se había convertido en la voz de una famosa banda de rock local. No supe a quien se refería, pero tampoco me interesó mucho conocer de quien se trataba, pues quien me interesaba realmente era ella; si hubiese sido un poco menos ignorante, si hubiera conocido a la cantante que me acababa de mencionar, quizá hubiese huido inmediatamente de ella, pero mi desconocimiento me hizo caer en su trampa como una gallina que entra por propia voluntad al matadero.
Pedí un café para cada uno y vi que ni siquiera lo tocó; no tomé a mal su gesto, ya que lo que me interesaba realmente era  su compañía, después de hablar de varios tópicos y dar a conocer nuestras respectivas actividades, me levanté de la mesa; ella se despidió de mí, me dijo que era una persona muy simpática y que le había encantado platicar conmigo durante estos sesenta minutos.
Había muchos misterios sin resolver y era increíble que personas tan elegantes y educadas como ella y su padre hubiesen tenido un problema con la oficina de inmigración y aduanas, la ley alcanza a todos, sin contar esas contadas excepciones a las que claramente Angelina y su padre no pertenecían.
Al llegar a este punto, alguien se estará preguntando porque dejé partir a Angelina después de la hora que habíamos pasado platicando, pero, quiero hacerle una pregunta a quien de este modo tan superficial esté acostumbrado a pensar.
¿Qué pasaría si te das cuenta que poco a poco se te acaban los argumentos y que, con la persona que estás hablando, independientemente de que ella diga que eres un gran compañero de mesa, sólo habla ella y ya no sabes que contestar, porque conoce tantas cosas que todo lo que tú dices suena pueril o vulgar?
No queda otro remedio que retirarse dignamente, concertando una cita para el futuro y de este modo prepararse mucho para que no te vuelvan a tomar desprevenido.
Ahora que me he justificado de porqué le dejé ir a las dos horas, me siento un poco mejor. Ya sé que no está bien que lo haga, pues al estimado lector quizá le venga valiendo un cacahuate, los motivos por los cuales me levanté de aquella mesa justo cuando Angelina estaba entrando en calor, quizá no sabía que para que se dé una buena plática, debe existir un buen conversador, en este caso ella, y un buen receptor, que a todas luces me tocaba a mí ese puesto, pero huí creyendo estar haciéndolo mal.
Quizá haya sido un acto de cobardía; ahora que lo pienso, estuvo mal y a Angelina le debe haber parecido muy graciosa mi actitud, y tal vez hasta un poco insultante; claro que sólo podría haber tomado como insulto mi vulgar forma de proceder, si ella misma hubiese sido un espíritu vulgar; pero era más que un alma conocedora de los sentimientos humanos, así que, comprendió y sólo sonrió, aceptando como natural mi estúpido comportamiento.
Sí, en ese pequeño intervalo de tiempo, me habló de la geografía de otros países a los cuales había visitado demostrando tener un conocimiento profundo de  la historia y la cultura de cada uno y no fueron dos o tres, sino decenas, en Europa, en África, en Asia, en América.
 También habló de un amplio repertorio de música, no sólo la moderna y los géneros más populares, sino muchos que para mí eran totalmente desconocidos. Lo que más me impresionó fue que conocía de música clásica, desde Schubert hasta Mozart y no sólo los nombres, sino, las biografías de esos hombres y los nombres de la mayoría de sus obras, que a mí me sonaban como a un catálogo de nombres repetidos; y lo que ya no se me hizo normal, me dijo saber tocar el piano y el violín, que un día de estos me invitaría a su casa e interpretaría los cuatro conciertos para violín de Vivaldi titulados las Cuatro Estaciones, con acompañamiento de su padre. “¿Completos?”, le pregunté, sin saber exactamente lo que estaba preguntando. “Sí completos”, me dijo riendo, claro que sólo será la partes que está compuesta para el violín, y la orquesta la sustituiría por un piano que su padre tocaría con los sonidos de la orquesta pues no tendría acompañamiento de una real, me dijo que en esta obra la orquesta no acompañaba al violín, sino que tomaba protagonismo en múltiples ocasiones y que era muy difícil de interpretar. No entendí de qué me estaba hablando y no le puse mucha atención, pues pensé que estaba bromeando, pero luego me dijo:
— Si no te gusta  Vivaldi, o quieres algo compuesto para un solo violín podemos deleitarnos con todos los caprichos de paganini.
No quise decirle que no sabía quién era el tal paganini, pero se me quedó el nombre en la memoria, sobre todo por la relación que establecí entre ese apellido, la palabra pagano y el brillo oscuro, melancólico y aunque suene ilógico, un tanto diabólico del rostro de Angelina a la hora de mencionar ese nombre.
Me había impresionado a tal grado y me hizo sentir tan ignorante, que no hice nada desde ese momento que investigar todas esas cosas de las que me había hablado para estar un poco más en ventaja la próxima vez; claro que si volvíamos a vernos, no hablaríamos de lo mismo.
Me dirigí a la tienda de discos y le dije al encargado que me mostrara el cedé de Vivaldi de las cuatro estaciones, el tipo me preguntó “¿Interpretado por quién?”, ya que tenía varios, y le dije, “Por Vivaldi” y no hizo otra cosa que reírse de mí con una carcajada que se me hizo muy grosera de su parte, luego me dijo, “Entonces tú no sabes realmente quien era Vivaldi, ¿verdad?”, le contesté que no eran para mí, sino para una amiga y que no, no sabía quién era, y que en vez de estarse riendo de mí, me explicara, que seguro él tampoco había nacido sabiéndolo todo, alguien tenía que haberle explicado también, no sólo quién era Vivaldi, sino todas las cosas de la vida que hasta ahora conocía.
Me miró un poco más serio y sin decir una palabra me proporcionó cinco discos, los cuales tenían el nombre de Vivaldi y el de los conciertos de las Cuatro estaciones. Le pregunté cuál era el mejor y me dijo, “Depende lo que estés buscando, calidad de ejecución, calidad de grabación, o si quieres alguna grabación histórica; también puede que estés buscando una interpretación conservadora, con instrumentos antiguos o una más moderna.”.
Le contesté que lo único que me interesaba era conocer  la obra de Vivaldi, sin que mucho tuviese que ver el intérprete, entonces me dijo, “En ese caso, has hablado como alguien que no tiene desarrollado su sentido musical, así que te daré este material que es uno de los más recientes y tiene una excelente calidad de grabación”.
Me tendió un disco con una mujer en la portada ataviada con un vestido muy largo de seda y un violín en la mano; la chica era hermosa y pensé, que también en la música clásica había glamour y no sólo el pop, claro que éste un poco más refinado, pero el fin era el mismo, llamar la atención del potencial comprador mediante una hermosa imagen.
Me explicó que, precisamente este cedé iba dirigido a aquellas personas que no sabían que interpretes eran  los mejores y sólo buscaban los conciertos, se les mostraban los discos y seleccionaban la de portada más bella. Al tener una mujer hermosa, era eso lo que compraban y no la música.
Le dije que ya bastaba por el momento de clases de música, que escucharía el cedé y que volvería por otro en el futuro. El precio del disco se me hizo estratosférico, veintidós dólares. ¿Acaso esta artista era más popular que el mismo Michel Jackson o cualquiera de esas súper estrellas que venden millones y sólo te cuestan sus discos quince dólares?
Me respondió que no me vendía lo popular del disco, sino la calidad de la música, era una grabación selecta, que se trataba de una de las compañías discográficas de más prestigio en el mundo y que la intérprete lo era también, entonces le pregunté, “¿No que no era de las mejores?”, a lo que él contestó, “Claro, no es de las mejores, pero es muy buena y es una gran producción.”.
Pagué los veintidós dólares y salí con la sensación de que me habían timado de nuevo por mi ignorancia.
Cuando llegué a mi casa y coloqué el cedé, comprobé que, en efecto, se trataba de una excelente grabación, aunque seguí lamentando los veintidós dólares que había pagado por ella.
***
Cuando asistí a una nueva cita con Angelina, traía un libro negro en sus manos con un símbolo extraño en su portada. No pude dejar de notar que se ponía nerviosa y trató de esconder el nombre del autor, esto me hizo sentir curiosidad y en un descuido de su parte eché un vistazo y alcancé a leerlo, se trataba de un tal Aleister Crowley y el título decía algo así como White Stains. Continuamos tomando nuestro café y no hice ninguna referencia a algo que me pareció trivial, sin embargo, cuando regresé a mi casa, el nombre se repetía en mi mente una y otra vez, por lo que para salir de dudas le busqué en el Internet, que era mi única herramienta a la mano.
Quedé profundamente impresionado cuando me percaté se trataba de algo así como un líder espiritual y que sus libros y filosofías eran inspirados en Satanás.
En mi vida nunca había tenido contacto con este tipo de libros, mi mundo transcurría a través de las lecturas de la biblia y las enseñanzas de Jesús; del demonio, sólo tenía las nociones que a todo buen católico le enseñan en la iglesia, que existe un infierno gobernado por un diablo y que éste quiere sólo el mal para los hombres y sobre todo para los que obedecemos a Dios.
Cerré inmediatamente la página lleno de terror. Quizá no leí bien, tal vez era  otro nombre o se trataba de otro Crowley.
Esa noche tuve pesadillas, soñé que venía el demonio tomándome en sus manos y lo más perturbador de éste es que, tenía el rostro de Angelina.
***
Después de aquel sueño, el comportamiento de Angelina cambió, se acercaba con más insistencia a mí y en una ocasión, cuando le saludé, nos dimos un beso en la mejilla y ella rozó la  comisura de mis labios.
Y para no aburrir al lector con idilios sin sentido, me saltaré todo lo referente a las sensaciones fuera de lugar que experimenté después de aquel pequeño roce, y sólo le daré a conocer que esa cita terminó con un beso que recibí en los labios de mi acompañante. Me dejó totalmente confundido, pues aunque le deseaba, no esperaba que fuera ella quien tomase la iniciativa; con esa actitud lo que logró fue intimidarme más.
Creo que ella lo notó ya que me dijo: “!Pero te has quedado pálido como un cadáver!”. Veía sus ojos penetrantes, azules y enigmáticos, mirándome desde los risos que los enmarcaban y pensaba en lo hermosos que eran y en lo fácil que le sería dominarme por completo si se lo proponía. Además, esa tonalidad translucida de su piel, le hacía parecer un muerto y creo que la intención de hacer referencia de mi palidez, fue para remarcar la propia y de algún modo intimidarme psicológicamente.
En un segundo, me pareció ver en su sonrisa  un gesto de maldad, luego me dijo: “Eloy Díaz, eres un buen mozo, desde hoy seré tu pareja, claro, si tú lo deseas del mismo modo, porque si no es así, no puedo obligarte a estar a mi lado”.
Me quedé con la boca abierta, nunca imaginé que una mujer me dijera lo que acababa de escuchar y menos una del garbo de Angelina Van Order.
Estábamos en la parte trasera del auto de mi padre, sin decir una palabra la tomé en mis brazos y la besé correspondiendo a su proposición; ella siguió el juego erótico que acabábamos de empezar, llegando casi a la consumación. Sin embargo, en el momento adecuado se detuvo, recuperó la compostura y me obligó a mí a hacer lo mismo.
Más tarde regresamos a nuestros hogares, esa noche no pude dormir. Pensando en Angelina, en esos ojos que me miraban en todo momento,  su voz  agridulce y esos labios rojos como la sangre. Y cuando la palabra sangre llegó a mi mente, entable la relación con otra palabra, vampiresa.
Ese era el término correcto para designar lo extraño en Angelina, era toda una vampiresa; extremadamente bella, sensual, erótica; de piel translucida y ojos azules; labios rojos e indumentaria negra; sin embargo relacionarla con los vampiros no tenía sentido, porque  éstos no son más que una moda impuesta por Stephanie Mayer y Hollywood.

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