miércoles, 13 de junio de 2012

04 Capítulo Cuatro





Safe Creative #1205101614999
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Advertencia: Novela explícita,
violencia, libertad de lenguaje, sexo
y pasajes paganos de mucha fuerza.
(No apta para personas muy religiosas).
Mayores de 18 años
     











      Capítulo Cuatro


Desde aquel beso —que terminó en un recostón sin consecuencias—, inicié un tipo de relación íntima con aquella mujer, nuestras citas se convirtieron en escapadas a lugares solitarios donde reconocernos y explorar el mundo de la sensualidad.
Nótese que he remarcado una frase unas cuantas líneas arriba, esto hace hincapié en lo distante de mi relato al hablar de mi amante, algo que me es imposible explicar, ya que lo lógico es que fuera al revés, si se toma en cuenta que estoy hablando de los inicios de una relación con una chica de una belleza excepcional.
No puedo afirmar que lo que me uniera a ella fuese el amor, los días pasaban y sentía cada vez menos probable la posibilidad de enamorarme de ella; la admiración que sentía por su persona había desaparecido y en su lugar había quedado una sensación extraña de estar con alguien que no tenía nada en común conmigo. Su belleza ya no era aquel inalcanzable tesoro, le había obtenido demasiado fácil. Se había convertido en algo que daba por hecho; no obstante, no podía estar lejos de mi novia un sólo instante. Era algo así como una adicción a una droga muy fuerte, la cual no me daba alivio, pero me era necesaria en un grado máximo. Quizá todo aquello era obra de algún encantamiento. Yo no creo en esas cosas, la brujería es el producto de mentes muy débiles para descartar una amenaza psicológica y muy fuertes para recrear sus miedos en la realidad; aunadas a otra mente, que es la que realiza el ritual; la brujería es el resultado de la fuerza mental.
Dicen que algunas mujeres hacen hechizos para retener a su hombre y al final éste termina actuando de manera irracional. No actuaba de esa forma… O tal vez sí, no me parecía lógico necesitar a alguien por quien definitivamente se siente una indiferencia así.
Es extraño que tan pronto haya llegado a este punto, ya que eran pocas las semanas que había pasado con ella y al principio sentía lo contrario; esa sensación de estar frente a alguien que poseía todo lo que a mí me faltaba.
Sigo pensando mucho en por qué actuaba de esa forma, no soy alguien que no exprese sus sentimientos, simplemente, no puedo expresar lo que no siento.
Nunca había tenido una novia y no sabía cómo actuar; pero, ahora lo recuerdo, siempre había sido así con mis padres y mis amigos, era parte de mi carácter y cuando alguien es de tal o cual forma, es imposible que cambie sólo porque otros así lo quieren o hay alguien más en su vida.
Angelina era como yo, un ser frío que entró en mi vida de una manera inesperada. Ella buscaba las mismas cosas; al menos eso quiero creer, que era como yo, o que yo era como ella, aunque terminara de la forma que lo hizo; algo debíamos de tener en común para que me hubiese elegido, y si yo no puedo encontrar la respuesta, quizá aquellos que lean mi humilde memoria lleguen más lejos en un intento por resolver esta duda que aún me atormenta.
Para la mayoría de los seres humanos el encuentro con el amor es algo grato, y cuando se trata del primero, los sentimientos son de tal magnitud que éstos siempre hablan en términos de la inexistencia de nada mejor.
Otras personas pueden llegar, pero dentro de su alma llevarán para toda la vida a ese alguien especial. Qué lejos estaba todo eso de lo que yo sentía por mi novia.
No éramos una pareja rara, hacíamos lo que todos hacen y al llegar a este punto de mi narración haré un paréntesis para reflexionar. Si el motivo de que estuviésemos juntos no era el amor, entonces lo que vivimos en esos momentos no era una relación romántica, y si es cierto que había deseo carnal entre los dos, también es verdad que éste nunca hizo despertar el amor puro.
Esto me lleva a la conclusión que se trataba de una relación basada en la concupiscencia. Desde sus inicios estaba vacía y lo que me atraía, era ese secreto que ella guardaba y la personalidad que proyectaba, de sus razones para estar a mi lado, solo ella las conocía.
El amor es un sentimiento relacionado con la luz y Angelina era un ser tan oscuro, calculador y frío, que cada vez que decía, “te amo”, sus palabras sonaban huecas.
No pretendo narrar la historia de amor entre Angelina y yo, por lo que he omitido todo aquello que haga referencia a situaciones amorosas. A partir de aquí solo tocaré dichos sucesos de manera superficial…
En algún momento tuvimos encuentros al aire libre en algún parque, en otro nos rodeamos de bulliciosa multitud en medio de eventos deportivos o en la música y el humo de un antro para divertirnos una noche cálida de verano.
Aunque salíamos de día, ella prefería la oscuridad de la noche. Me llevaba a los pasadizos escurridizos de esta ciudad, mostrándome sitios que nunca imaginé que existiesen. También me presentó personas que se me hacían igual de inverosímiles, pues dentro del universo que me rodeaba, no había sitio para ese tipo de individuos.
Las luces de los faroles de la calle alumbraban nuestros pasos y entre copas y cigarrillos —que ella me enseñó a consumir—, esperábamos el amanecer a la orilla del río o sobre el césped del parque del centro de la ciudad.
Me había mostrado  el mundo que tenía ante mis ojos y que no había visto por mantener la mirada en otro ángulo.
Ella conocía la ciudad mejor que yo; pero, si sólo tenía unos meses de haber llegado, pensé que ella sí utilizaba su tiempo, mientras yo lo desperdiciaba.
Si tomamos en cuenta que Angelina era mujer, la duda que surgía era, si ella se había metido sola a todos esos lugares, o había sido acompañada por alguien más. Siempre le había observado solitaria, por lo que la única persona que podía haber acompañado a Angelina debió ser su padre.
Como había mencionado unas líneas arriba, yo era miembro del equipo local de futbol Americano de los Tigres de la Central High School y en esos días habría un encuentro.
Todos mis compañeros entrenaban muy fuerte, ya que debían ganar este partido para entrar en la final. En uno de estos días, Angelina se encontraba cerca del campo de futbol observando a los jóvenes en sus rutinas de ejercicios y parecía muy divertida. A partir de entonces, estuvo presente en todos los entrenamientos, sonreía cuando les veía esforzarse tanto sin obtener resultados concretos.
A mí no me molestaba del todo, pero si me incomodaba un poco, porque mis amigos comenzaban a mirarme con enojo. Me llamaron la atención argumentando que debía controlar las burlas de mi noviecita. Me echaban la culpa. Debía haber contado algo a Angelina de lo que había visto en los baños colectivos.
La verdad no había visto nada y no sé de dónde se sacaban  eso. Si escondían algo que no deberían de saber los demás, era cosa que a Angelina le tenía sin cuidado y a mi otro tanto. Sin embargo, nunca me pasó por la mente contarle a mi novia alguna de las intimidades de mis amigos, y creo que ellos no caían en que hacer eso era poner a Angelina a pensar en ellos y era algo completamente indeseable para mí, pero no los convencí de lo contrario.
En realidad se burlaba de su poca condición física, ya que ella sin entrenar, poseía una flexibilidad y una fuerza impensables en una persona común.
Tuve el placer de comprobarlo en alguno de mis primeros encuentros con  ella, cuando practicó conmigo algo llamado sexo acrobático. Su cuerpo era tan flexible, que lograba tocar su cabeza con los dedos de los pies levantando una pierna hacia atrás a manera de bailarina de Ballet. Angelina era una verdadera contorsionista, no obstante, esto no era algo nuevo para mí, pues había visto a Krysti hacer el mismo tipo de piruetas repetidas veces cuando estábamos en su casa. En realidad Krysti hacía ejercicios de estiramiento muscular todo el tiempo y se mantenía la mayor parte del día con la cabeza abajo y los pies en el aire. Le decía que en esa posición sus cerebro reventaría, pero ella se reía de mí y me contestaba que estaba equivocado, que ella utilizaba esa posición para oxigenar el cerebro y relajarse al mismo tiempo. Cuando volvía a su posición normal se sentía mucho mejor, era como tomarse unas diez tazas de café sin el efecto de la cafeína, porque su cerebro reaccionaba al estímulo del oxígeno, sin afectar al sistema nervioso.
Pura palabrería de Krysti, pensaba, lo que deseaba era que intentara lo mismo para reírse, pues por mi falta de elasticidad y de equilibrio sabía que no lo lograría.
Mi vida no transcurría sobre una alfombra voladora, ni poseía polvos, o varitas mágicas; ella era una hadita de fantasía que vivía en un universo creado por ella misma y mi  mundo ahora pertenecía a la oscuridad de una vampiresa.
No creo que sea necesaria una larga descripción de las posibilidades que puede ofrecer a la sexualidad de una pareja el que uno de sus miembros posea la cualidad de tener esa flexibilidad, aunque siempre será incomodo que el otro  tenga desventaja, pues en mi caso, a pesar de los entrenamientos, no lograba seguirle en sus complicados métodos amatorios. Era un desastre y aunque trataba de mantenerme en forma, no tenía la gracia que ellas poseían de manera natural.
Digo que era natural, porque en el caso de Angelina, jamás le había observado hacer un ejercicio de este tipo o de ningún otro, en el caso de mi amiga Krysti, ella si los hacía, pero desde que era muy pequeña y su mamá le llevaba a la piscina en su trajecito de baño azul y su gorrito de plástico; la niña ya mostraba esa flexibilidad de la que hablo, sin embargo yo estaba más rígido que una vara de madera y la presencia de Krysti siempre me provocó que esa rigidez aumentara.
Ahora que pienso en todo esto, creo que ser así es un defecto, lo natural es caminar  por la vida con una sonrisa en la boca o con un gesto de enojo o cualquier emoción, los seres inexpresivos como yo no son comunes y Angelina no era exactamente así, ella actuaba con todos, y no dudo que lo haya hecho conmigo también.
A ella le gustaba aprender y asistía —ahora en mi compañía—, a todos los eventos artísticos en rededor de la ciudad.
 Me mostró un mundo nuevo, encaminado por una cultura que hasta ese momento para mí era completamente desconocida. Ingresamos a esas reuniones  que se daban en la oscuridad del anonimato y se hablaba de arte y política. Fuimos a las conferencias de escritores desconocidos y exposiciones de fotógrafos y pintores.
Cada fin de semana íbamos al teatro y en muy raras ocasiones fuimos al cine; me decía que este lugar era el más vulgar de todos y que muy raras veces valía la pena el espectáculo, que la finalidad del cine era mantener calmada esa sed de sangre de un dios maligno que entraba en las mentes de cada uno de los espectadores y con estas imágenes, su furia era mitigada.
Yo no entendí a qué se refería ni investigué nada al respecto. Creo intuir que estaba hablando de las películas de terror, esas donde hay sangre y muertos.

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